Documento leído en el acto de imposición de nombre a la Ruta 22
Neuquén, 3 de junio de 2009
La imposición del nombre de Mosconi a un lugar de tránsito casi obligado tanto para los habitantes de Neuquén como para quienes llegan a la ciudad desde otros sitios, constituye un acto de reparación histórica. No hay en la ciudad ninguna calle ni espacio público que evoque a este hombre que en ocho años de labor incansable le enseñó al mundo entero que el modelo de explotación estatal de los hidrocarburos no sólo era viable y eficiente, sino que significaba independencia, bienestar y desarrollo para los países.
Antes de que la independencia económica, la soberanía política y la justicia social fueran banderas levantadas por multitudes en la Argentina, la YPF de Mosconi desarrolló con una celeridad sin precedentes la actividad petrolera, desplazando a las empresas extranjeras en el control del negocio; exploró nuevas áreas, con lo que aumentó el volumen de las reservas; exportó el modelo a otros países de Latinoamérica; comenzó con la producción de combustibles en el país, rompiendo la dependencia con el extranjero; unificó el precio de los combustibles en todo el país, al tiempo que se rebajaron los precios; electrificó ciudades enteras, creó pueblos, escuelas, hospitales.
Decimos reparación histórica y este sólo acto es incompleto e ingrato, porque el accionar y el ideario de Mosconi demandan desde el pasado una reparación social y una reparación económica.
Porque desde su creación misma, YPF y el modelo de explotación a cargo del Estado fueron constantemente hostigados por las corporaciones petroleras que buscaron quitarse de encima a un competidor que no sólo era eficiente sino que utilizaba un lenguaje distinto, que hablaba de bienestar general en vez de lucro y que además controlaba las tres cuartas partes del negocio.
Porque el remate a precio vil de YPF en la década del 90 trajo consigo la desocupación y el sufrimiento de la familia petrolera, muchos de cuyos miembros aún hoy padecen las consecuencias de esta entrega. Y significó y significa un enorme perjuicio económico no sólo para la región sino para la Nación toda. El petróleo y el gas que en el modelo de Mosconi significaban bienestar y prosperidad para el país hoy son, en manos privadas, un negocio que se vuelve más y más rentable cuanto menos se invierta en la exploración de nuevas áreas, cuanto menos se gaste en sueldos, cuanto menos recursos se destinen a la protección del medio ambiente, cuanto menos se observen las leyes, cuanto menos se respeten los derechos de los pueblos originarios, cuanto menos se pague a los legítimos dueños por el derecho a extraer el mineral.
Hoy, como resultado de esta política de explotación de nuestros recursos, tenemos la realidad de una provincia sometida a la voluntad de media docena de empresas, que privilegian sus intereses a costa (nuevamente hoy) de la desocupación de los trabajadores, de la salud pública, de la educación, de la vivienda, de la caída de la industria y el comercio local, de los municipios inviables.
Es por eso que desde el Movimiento por la Recuperación de Nuestro Petróleo hablamos también de una reparación económica y social, que signifique para los argentinos la recuperación de una renta que hoy se encuentra en gran medida en manos de las empresas operadoras de área y que en la práctica debería resumirse en la rescisión de los contratos vigentes por reiterados incumplimientos de lo que está establecido en los mismos y el inicio de la explotación a cargo del Estado, lo cual se traduciría en el corto plazo en mejores condiciones de vida para la sociedad en su conjunto, con estabilidad laboral para tantos trabajadores y con tranquilidad para numerosas empresas de servicios que buscan reglas de juego claras para trabajar y planificar su crecimiento. Estabilidad de unos y tranquilidad de todos, que penden del débil hilo del capricho de los grandes grupos económicos, indiferentes a todo aquello que no sea su propio beneficio. Una prueba de esta afirmación la da la angustiosa situación que están atravesando los trabajadores de la actividad petrolera y gasífera y las PYMES de servicios. Como consecuencia de la aplicación de decisiones de las operadoras de área, cientos de empleados han perdido su trabajo, muchos más están suspendidos y sin definición acerca de su destino laboral y numerosas empresas locales se encuentran en situación de quebranto.
Hace ochenta y siete años Enrique Mosconi marcó un camino de desarrollo, trabajo y bienestar para los argentinos. Pacientemente las corporaciones y sus personeros locales se encargaron de cambiar las señales de ese camino:
Donde decía AVANZAR, colocaron PARE
Donde decía CONTRAMANO, pusieron VÍA LIBRE.
Donde decía PELIGRO, también pusieron VÍA LIBRE
Donde decía EFICIENCIA, cambiaron por EL ESTADO ES MAL ADMINISTRADOR
Donde decía CAPACIDAD DE NUESTRA GENTE, consignaron IMPROVISACIÓN
Donde decía RENTA PETROLERA, anotaron REGALÍAS PETROLERAS
Donde decía RECURSO ESTRATÉGICO, escribieron ALIADO ESTRATÉGICO
Donde decía CORRUPCIÓN, señalaron SEGURIDAD JURÍDICA
Donde decía INTERÉS NACIONAL, pasó a leerse ESTABILIDAD DE LOS MERCADOS.
Los argentinos en general y los neuquinos en particular hemos comprobado dolorosamente las desventajas de transitar guiados por estas indicaciones.
Por el mantenimiento de las fuentes de trabajo
Por la salud, educación y vivienda para todos
Por la reactivación del comercio y la industria
Por el mejoramiento del presupuesto de los municipios
Por la reanudación de la obra pública Volvamos a llamar las cosas por su nombre:
EXPLOTACIÓN ESTATAL DE NUESTROS RECURSOS HIDROCARBURÍFEROS
NOSOTROS PODEMOS