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Síntesis biográfica basada en el artículo homónimo de Santiago Senén González y Fabián Bosoer en http://www.elarcadigital.com.ar/modules/revistadigital/articulo.php?id=1085

La vida y trayectoria de Enrique Mosconi (1877-1940) constituye un andarivel de nuestra historia que permite imaginar un destino nacional distinto al que finalmente terminó prevaleciendo en la segunda mitad del siglo XX.

Nació en Buenos Aires el 21 de febrero de 1877, cuando Nicolás Avellaneda era presidente. Hijo de Enrico, un ingeniero italiano que llega al país contratado para la construcción de ferrocarriles y vías en Rosario, Córdoba y Mendoza; y de María Juana Canavery, una argentina descendiente de irlandeses. Luego de cursar los estudios secundarios ingresa en el Colegio Militar, donde se gradúa como subteniente en 1894, a los diecisiete años. Inicia la carrera de ingeniería en la Universidad de Buenos Aires y egresa en 1901 con el título de Ingeniero Civil; en 1903, con sólo veintiséis años, obtiene el grado de Ingeniero Militar.

Luego de una intensa actividad en el ejército, que incluyó actividades de capacitación en Europa, en 1912 integra junto a Jorge Newbery la primera comisión directiva de la Escuela de Aviación Militar y pasa a formar parte de la naciente Fuerza Aérea. En 1921, con motivo del estreno del espacio aéreo, Mosconi crea un proyecto de rutas aéreas en el que se establecen las diferentes líneas: de transporte, militares y correo postales, así como los caminos a seguir por cada una, los horarios, frecuencias semanales, las medidas, permisos y estaciones.

La mayoría del combustible que se consumía en Argentina era importado, y la situación energética del país era muy precaria, ya que la única producción de petróleo se quemaba en calderas para poder utilizarlo. Con motivo de la finalización del año militar, la Escuela de Aviación organiza excursiones de entrenamiento que llegarán hasta las fronteras argentinas, previstos para iniciarse una mañana de agosto de 1922. Al llegar el día, Mosconi se encuentra con que la empresa norteamericana Wico (West Indian Oil Company), la única que importaba combustible para aviones en la Argentina, se negaba a suministrarlo sin pago adelantado. El entonces coronel Mosconi se reunió con el gerente de la empresa para ratificar la noticia. Una vez confirmada, estableció que la empresa no le vendería más nafta a menos que se anticiparan los pagos, Mosconi replicó, según cuenta en su libro: "Advierta que el Servicio Aeronáutico del Ejército no debe un centavo a su compañía; que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de Guerra y que, por lo tanto, no sólo me sorprenden sus manifestaciones y su exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto". En ese mismo momento, comienza a reflexionar sobre qué pasaría si ese combustible era requerido, no para una simple práctica aeronáutica sino para la defensa aérea del territorio nacional. Más tarde comentará: "Allí, en el mismo escritorio me propuse juramentándome conmigo mismo, cooperar con todos los medios legales para romper los trusts". La decisión de Mosconi cambió la historia argentina.

En junio de 1922, el presidente Hipólito Yrigoyen firma el decreto con el que daría lugar a la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales y ese mismo año, tras la asunción de Marcelo T. de Alvear, Mosconi pasa a desempeñarse como Director General de YPF. Ya en su cargo, el cual ocupará durante 8 años, tomará decisiones determinantes en el desarrollo de la empresa, pero cada paso encontraría un sustento teórico fuerte pensado y proyectado por el mismo Mosconi. Como primer paso, con decidido entusiasmo, proyectó la construcción de la destilería de La Plata, la cual es inaugurada en diciembre de 1925, después de un año. Esta iniciativa marcó un toque de alarma para los trusts petroleros, encabezados por la Standard Oil, los que iniciaron toda clase de resistencias al proyecto. La destilería entra en producción inmediatamente, elaborando nafta, kerosene, fuel oil y a menos de cinco meses de su habilitación comienza la producción de nafta de aviación. El año 1926 señala la entrada de YPF en el mercado de combustibles con sus propios productos. Las ganancias capitalizadas y reservas ascienden a más de 71 millones de pesos; el beneficio líquido del ejercicio es de 6 millones. La producción fiscal de petróleo alcanza a 415.558 metros cúbicos, volumen equivalente al 76,9% del total nacional. Se importan más de 45 mil toneladas de crudo. Otra de sus grandes obras durante la gestión de Director de YPF fue la electrificación de Comodoro Rivadavia, necesaria para agilizar el modo de producción y explotación de los pozos petroleros del lugar, así como el buen funcionamiento del sector administrativo de la empresa. Aprovechando la energía libre generada se creó, en 1927, la fabrica de latas, con maquinaria automática. Como dijera el mismo Mosconi "si se hubiese tenido que adquirir esta cantidad de latas (736.538 envases) se habría gastado más de lo que costó su fabricación en la destilería. Esta economía amortizó aproximadamente la cuarta parte del capital total invertido". Otro complemento fue la fábrica de cajones y el aserradero que representó una economía anual de más de un tercio del capital invertido en ella, obteniéndose cajones mejores que los que se compraban hechos. En 1928 se da inicio a la explotación de petróleo en Salta y debido a una intensa exploración llevada a cabo en la zona noroeste, se produjo en 1933 el descubrimiento petrolífero de Tranquitas. En 1927 la petrolera estatal YPF ocupa el décimo lugar entre las empresas de mayor producción en el mundo. Por iniciativa de Mosconi, inspirada en “conceptos de solidaridad nacional”, se unifica el precio de los combustibles en todo el país, al tiempo que se rebajan los precios. Sin descuidar su pasado académico y previendo la necesidad de formar especialistas en el tema del petróleo, para un futuro no lejano, Mosconi logra que el 30 de diciembre de 1929 el Poder Ejecutivo dé lugar a su proyecto de un convenio entre YPF y la Universidad de Buenos Aires. Este acuerdo establecía que la petrolera otorgaría a la universidad la suma de $50 mil anuales para solventar los gastos necesarios para la capacitación de profesionales en la especialidad.

En su carácter de primer Director de YPF (1922-1930), Mosconi se esforzó por demostrar que los argentinos eran capaces de explotar estos recursos sin la participación de concesionarios extranjeros.

"Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera." Pero como cualquier actitud comprometida con la transformación de la realidad nacional, sus decisiones y su pensamiento no concitaron sólo apoyos, sino que generaron resistencias en el pensamiento dominante, fuertemente condicionado por la acción de las empresas petroleras, a las que la política de YPF impulsada por Mosconi había puesto freno.

En septiembre de 1930, el golpe militar conducido por el general Uriburu derroca a Yrigoyen y Mosconi renuncia a la Dirección de YPF. El elenco del nuevo gobierno de facto habla a las claras del rol que jugaron las empresas extranjeras en el golpe: Los colaboradores de Uriburu eran, entre los más cercanos, Enrique Santamarina, vicepresidente de la Nación, accionista de Astra (perteneciente a la Standard Oil); Matías Sánchez Sorondo, ministro del Interior, presidente de la Franco Argentina Comercial y Financiera y además abogado de la Standard Oil; Ernesto Bosch, ministro de Relaciones Exteriores y presidente de la Compañía Industrial y Comercial de Petróleo (del grupo de la Anglo Persian) y presidente de Escandinavia S.A.; Ernesto Padilla, ministro de Justicia e Instrucción, director de la Germano Argentina de seguros, vocal de la compañía Técnica e Importadora; Horacio Beccar Varela, ministro de Agricultura, director de la S.A. Argentina de Comodoro Rivadavia (de capitales ingleses), síndico de Austea S.A. (subsidiaria de la Standard Oil) y abogado del National City Bank of New York, director de la Destilería de Petróleo El Cóndor, presidente de Firestone, vocal de Sol Compañía Petrolera y abogado del Frigorífico Anglo, entre otros; Octavio Pico, Ministro de Obras Públicas, con importantes cargos en las subsidiarias de la Standard Oil (Cia. Argentina de Comodoro Rivadavia y Petrolera Andina S.A.

Luego de ser sometido a cuestionamientos relacionados con su gestión al frente de YPF, enfermo y olvidado, sin más propiedades que la casa en la que vivía con sus hermanas, en la esquina de Aráoz y Arenales, que había sido comprada por un préstamo del Banco Hipotecario, del que aún restaban varias cuotas, Enrique Mosconi muere en Buenos Aires el 4 de junio de 1940.

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    Enrique Mosconi

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